{"id":12391,"date":"2026-08-16T21:23:43","date_gmt":"2026-08-17T00:23:43","guid":{"rendered":"https:\/\/radiokissnoticias.com.ar\/web\/?p=12391"},"modified":"2026-08-16T21:23:58","modified_gmt":"2026-08-17T00:23:58","slug":"a-178-anos-del-fusilamiento-de-camila-y-ladislao-el-descuido-que-los-llevo-a-la-muerte-y-el-ultimo-mensaje-del-cura-a-su-amada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/radiokissnoticias.com.ar\/web\/2026\/08\/16\/a-178-anos-del-fusilamiento-de-camila-y-ladislao-el-descuido-que-los-llevo-a-la-muerte-y-el-ultimo-mensaje-del-cura-a-su-amada\/","title":{"rendered":"A 178 a\u00f1os del fusilamiento de Camila y Ladislao: el descuido que los llev\u00f3 a la muerte y el \u00faltimo mensaje del cura a su amada"},"content":{"rendered":"<p>Se enamoraron en la Buenos Aires de Juan Manuel de Rosas, escaparon juntos rumbo a Brasil y llegaron a abrir una escuela en Goya, pero fueron descubiertos y detenidos seis meses despu\u00e9s. En Santos Lugares, el 18 de agosto de 1848, los dos j\u00f3venes fueron fusilados: uno de los episodios de amor m\u00e1s tr\u00e1gicos y conmovedores de la historia argentina<\/p>\n<p>A su modo, y acaso de manera fiel, fueron los Romeo y Julieta de estas tierras b\u00e1rbaras y desdichadas. Los cuatro, Romeo Montesco, Julieta Capuleto, Camila O\u2019Gorman y Ladislao Guti\u00e9rrez, eran j\u00f3venes, estaban enamorados como se enamoran los j\u00f3venes: para toda la vida; los cuatro sufrieron tremendas presiones familiares, los cuatro fueron perseguidos por estar enamorados y los cuatro terminaron muertos. Los amantes de Verona, por mano propia; los de la pampa, fusilados.<\/p>\n<p>Es verdad que los chicos de la tragedia de Shakespeare mueren por el arrebato de su propia pasi\u00f3n y por la tonter\u00eda de un cura chamb\u00f3n, todo hay que decirlo. Montescos y Capuletos eran dos familias distinguidas y enfrentadas, pero tal vez no imaginaron la muerte de sus hijos; acaso ni siquiera la imagin\u00f3 Shakespeare y fue el turbi\u00f3n adolescente el que termin\u00f3 por dictarle e imponerle la tragedia.<\/p>\n<p>En cambio Camila y Ladislao mueren fusilados por decisi\u00f3n de Rosas; porque ella es una chica de la sociedad porte\u00f1a y \u00e9l es un cura joven que tiene prohibido el amor, pero que se trepa a ese carro desatado de la pasi\u00f3n y desaf\u00eda a la sociedad entera; desata un esc\u00e1ndalo que, como siempre sucede, amenaza al poder pol\u00edtico que no sabe c\u00f3mo salir airoso de ese aquelarre que ofende hasta Dios; ellos mueren porque vivos y enamorados son insoportables para todos, incluso para el padre de Camila, que avala de alg\u00fan modo la muerte de su propia hija. Camila y Ladislao mueren fusilados porque esa patria b\u00e1rbara y desdichada, todav\u00eda en embri\u00f3n, piensa que la muerte lo soluciona todo. S\u00f3lo la barbarie puede fusilar al amor.<\/p>\n<p>Pasaron 178 a\u00f1os de aquella desdicha dom\u00e9stica y familiar que se pudo solucionar con un reto, una prisi\u00f3n leve y ejemplar, con una suspensi\u00f3n ad divinis del ministerio sacerdotal, con cualquier castigo menor al pared\u00f3n y a la sangre y que, en cambio, termin\u00f3 como termin\u00f3.<\/p>\n<p>Camila O\u2019Gorman naci\u00f3 en Buenos Aires el 9 de julio de 1828; la bautizaron en Nuestra Se\u00f1ora de la Merced el 12 de agosto; era hija de Adolfo O\u2019Gorman, un franc\u00e9s de ascendencia irlandesa, y de Ximena Pintos, la quinta de los seis hijos del matrimonio. Uno de los hermanos de Camila, Eduardo, es sacerdote; a Camila la educan seg\u00fan el molde de la \u00e9poca: que sepa coser, bordar y llevar una casa adelante, que acceda a la cultura, no demasiada, por supuesto, la elemental y suficiente para moverse en los salones y en las fiestas donde conocer y relacionarse con muchachos de su edad, futuros candidatos a marido. Y Camila cumple esa voluntad familiar: es una chica alta, bella, alegre, un baluarte de la sociedad porte\u00f1a que sangra bajo el gobierno de fuego de Rosas; baila en las fiestas que da el gobernador, es \u00edntima de su hija, Manuelita, con la que se tutea y tal vez comparte secretos. Camila es una chica ejemplar.<\/p>\n<p>Ladislao Guti\u00e9rrez le lleva tres o cuatro a\u00f1os. Naci\u00f3 en Tucum\u00e1n en 1824 y qued\u00f3 hu\u00e9rfano cuando era un chico; lo criaron los jesuitas, que lo consagran sacerdote muy joven. Tambi\u00e9n es un ejemplo de la sociedad tucumana, un ejemplo de fe y de esperanza. Su t\u00edo, Celedonio Guti\u00e9rrez, es gobernador de la provincia y aliado de Rosas, as\u00ed que manda al joven cura a Buenos Aires, con algunas cartas de recomendaci\u00f3n para facilitarle la dureza de los primeros tiempos en una ciudad ajena.<\/p>\n<p>Las cartas dan resultado: el secretario del obispado de Buenos Aires, Felipe Elortondo y Palacios, lo hospeda en su casa por un tiempo y lo incorpora a la muy respetada Parroquia del Socorro, que hoy se alza en la esquina de Juncal y Suipacha pero que entonces era una zona de quintas y frutales. En la parroquia, Ladislao conoce a Eduardo, el hermano cura de Camila, que lo invita a las cordiales tertulias de la casa familiar. All\u00ed se conocen Camila y Ladislao. Ya est\u00e1: dos chicos no precisan nada m\u00e1s para enamorarse.<\/p>\n<p>Cu\u00e1ndo empez\u00f3 todo y c\u00f3mo es dif\u00edcil de fijar en el tiempo. Camila y Ladislao no dejaron cartas, escritos, notas, rastros de su amor shakesperiano. Y si algo dejaron, fue destruido. \u00bfNadie not\u00f3 en aquella casa la pasi\u00f3n desenfrenada de la pareja? Si todo empez\u00f3 en aquel fat\u00eddico 1827, ella ten\u00eda diecinueve a\u00f1os y \u00e9l veintitr\u00e9s. \u00bfNadie se dio cuenta en aquel mundo estrecho y peque\u00f1o, un pa\u00f1uelo, donde todos sab\u00edan todo de todos? O en la casa de los O\u2019Gorman viv\u00eda gente muy despistada, o los chicos eran genios en el dif\u00edcil arte de ocultar los sentimientos, o alguien hizo que no viera lo que era obvio, o alguien supo todo y call\u00f3, como calla el ama de llaves de Julieta al ver la felicidad de su protegida.<\/p>\n<p>Los amantes son audaces, desenfrenados, temerarios, pero no son tontos. Saben que est\u00e1n en falta grave, qui\u00e9n ha visto semejante desverg\u00fcenza, y no quieren provocar dramas, ni ensuciar el buen nombre de los O\u2019Gorman, ni perturbar la paz social de esa aldea donde la mazorca mata y reina. El 12 de diciembre de 1847 escapan. A caballo, con lo puesto y poco m\u00e1s. Es una locura, pero tienen un plan: llegar alg\u00fan d\u00eda, que sea pronto, a R\u00edo de Janeiro, a la distancia, al anonimato y al olvido. Tienen una ruta a seguir: Luj\u00e1n, Santa Fe, Entre R\u00edos, Corrientes, Misiones y, por fin, Brasil, la tierra prometida. No tienen otra certeza m\u00e1s que la que les dice que la misi\u00f3n es poco menos que imposible.<\/p>\n<p>En Santa Fe, ya son fugitivos. Perfeccionan la estrategia de escape. Se plantan ante el capit\u00e1n de la goleta \u201cR\u00edo de oro\u201d, juran haber perdido sus documentos y consiguen que el marino les extienda un pasaporte, o salvoconducto, o lo que fuere, a nombre de quienes no son: Camila es ahora Valentina Desan. Y Ladislao es M\u00e1ximo Brandier. Los dos, dicen, llegan del norte, de Salta, acaso hasta de Jujuy; son j\u00f3venes comerciantes en busca de un futuro, \u00bfqui\u00e9n no? As\u00ed que los dos que no son lo que dicen ser, s\u00ed dicen en verdad lo que quieren ser: marido y mujer, casarse en Brasil, tener hijos y vivir en la gracia de Dios.<\/p>\n<p>Algo los frena en Goya: la falta de dinero tal vez, el ansia de encontrar reparo, refugio, un alto en aquella huida insensata. Abren una escuela en la casa que alquilan, la primera de Goya, y tienen tanto \u00e9xito que se mudan a otra m\u00e1s grande que puede cobijar a m\u00e1s alumnos. Los Romeo y Julieta de la pampa b\u00e1rbara son felices. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s pueden pedir?<\/p>\n<p>En Buenos Aires, el esc\u00e1ndalo empieza a vestirse de tragedia. En casa de los O\u2019Gorman, donde no hay despistados, trenzan los hilos con facilidad: Camila se fue, el cura Ladislao no est\u00e1 en su parroquia, ninguno de los dos aparece por ning\u00fan lado. Se esfuerzan por tapar el esc\u00e1ndalo que ya es una hoguera descontrolada. En medio de ese fuego surge como un monstruo el miedo; el miedo a Rosas, a quien Camila y Ladislao han burlado, o enga\u00f1ado, o traicionado. Miguel Garc\u00eda, sacerdote provisor del Socorro, le escribe al gobernador una carta sinuosa, serpentaria y servil que pide dureza y discreci\u00f3n, pero le habla al Restaurador de igual a igual, de estadista a estadista: \u201c(\u2026) El suceso es horrendo y tiene penetrada mi alma el m\u00e1s acerbo sentimiento. (\u2026) Pero lo m\u00e1s lamentable es la infamia y vilipendio que trae aparejado para el Estado eclesi\u00e1stico. Por el amor que V. E. tiene a la religi\u00f3n (\u2026) yo le ruego quisiera ocuparse de esta desgraciada ocurrencia, dign\u00e1ndose adoptar medidas que estime convenientes, para averiguar el paradero de aquellos dos inconsiderados j\u00f3venes (\u2026) para que su atentado tenga la menor trascendencia por el honor de la Iglesia y de la clase sacerdotal\u201d. Ese lenguaje ambiguo y amenazante, \u201cadoptar las medidas que estime convenientes\u201d, tambi\u00e9n abre las puertas a la tragedia.<\/p>\n<p>Rosas se siente desafiado por los dos chicos enamorados. Y est\u00e1 furioso. Sabe, porque lo sabe todo, que en la Buenos Aires que gobierna, m\u00e1s de un sacerdote convive con su pareja. Seg\u00fan el historiador Manuel Bilbao, citado por su par Sandro Olaza Pallero, dice: \u201cNo soy un ni\u00f1o para sorprenderme con los esc\u00e1ndalos de los cl\u00e9rigos; lo que no puedo permitir ni tolerar es que falten a la autoridad, se r\u00edan de ella, la ridiculicen. Los he de encontrar, aunque se oculten bajo la tierra. Los he de hacer fusilar\u201d. Y ya est\u00e1, Camila y Ladislao est\u00e1n condenados: nadie escapa a la furia del Restaurador.<\/p>\n<p>Rosas no es el \u00fanico furioso. El padre de Camila, Adolfo, env\u00eda al gobernador una carta terrible en la que abdica de su propia hija: \u201c(\u2026) para elevar a su superior conocimiento el acto m\u00e1s atroz y nunca o\u00eddo en el pa\u00eds, y convencido de la rectitud de V. E., hallo un consuelo en participarle la desolaci\u00f3n en que est\u00e1 sumida toda la familia. (\u2026) pues la herida que este acto ha hecho es mortal para mi desgraciada familia. As\u00ed, se\u00f1or, suplico a V. E. d\u00e9 orden para que se libren requisitorias a todos los rumbos para precaver que esta infeliz \u2014dice de Camila\u2014 se vea reducida a la desesperaci\u00f3n y, conoci\u00e9ndose perdida, se precipite en la infamia (\u2026)\u201c.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 quiere decirle Adolfo O\u2019Gorman a Rosas con eso de que prevea que \u201cesta infeliz se vea reducida a la desesperaci\u00f3n y se precipite en la infamia\u201d? En el final de su carta describe a la pareja: \u201cEl individuo es de regular estatura, delgado de cuerpo, color moreno, ojos grandes pardos y medios saltados, pelo negro y crespo, barba entera pero corta, de doce a quince d\u00edas; lleva dos ponchos tejidos (\u2026). La ni\u00f1a es muy alta, de ojos negros y blanca, pelo casta\u00f1o, delgada de cuerpo; tiene un diente de adelante empezado a picar. Buenos Aires a 21 de diciembre de 1847\u201d, nueve d\u00edas despu\u00e9s de la fuga. D\u00edas m\u00e1s tarde, la ciudad aparece empapelada con la descripci\u00f3n de los dos fugitivos y con una orden ineludible: hay que dar con ellos en cualquier sitio de la Confederaci\u00f3n en el que se encuentren y enviarlos a Buenos Aires.<\/p>\n<p>Al drama ya no le falta nada. La oposici\u00f3n echa combustible a la hoguera en la que van a arder Camila y Ladislao. En marzo de 1848, a tres meses de la fuga, El Mercurio, de Chile, publica un art\u00edculo que lleva el sello de los exiliados enemigos de Rosas: \u201cHa llegado al extremo la horrible corrupci\u00f3n de costumbres bajo la tiran\u00eda espantosa del Cal\u00edgula del Plata que los imp\u00edos y sacr\u00edlegos sacerdotes de Buenos Aires huyen con las ni\u00f1as de la mejor sociedad, sin que el s\u00e1trapa infame adopte medida alguna contra esas monstruosas inmoralidades\u201d.<\/p>\n<p>En Goya, Camila y Ladislao no saben nada de los carteles que los buscan, de la carta de Adolfo O\u2019Gorman a Rosas, de los aspavientos en la iglesia del Socorro, de la decisi\u00f3n ya tomada por el gobernador, ni del pared\u00f3n que les espera. Conf\u00edan, piensan que est\u00e1n a salvo y el 16 de junio de 1848, a seis meses de la fuga, van a una inocente fiesta de cumplea\u00f1os en el pueblo. Y all\u00ed termina todo. Un cura irland\u00e9s, Michael Gannon, reconoce a Ladislao y lo denuncia al juez de paz. Los dos enamorados son detenidos y separados. Ya no volver\u00e1n a estar juntos. El juez los interroga de inmediato; Camila niega haber sido forzada a seguir al sacerdote; por el contrario, dice que fue ella quien inici\u00f3 el romance y quien plane\u00f3 el escape. Demasiada verdad para ser tolerada.<\/p>\n<p>D\u00edas despu\u00e9s, por orden del gobernador Benjam\u00edn Virasoro, los dos enamorados son enviados por barco a Buenos Aires, engrillados. Llegaron a Rosario el 7 de julio y, en carreta, tambi\u00e9n separados, viajaron hasta San Nicol\u00e1s de los Arroyos. En alg\u00fan punto de la traves\u00eda, Camila puede enviar una carta a su amiga, Manuelita Rosas, que le env\u00eda una respuesta fechada el 9 de agosto que, al parecer, Camila no recibi\u00f3: \u201cQuerida Camila: Lorenzo de Torrecillas os impondr\u00e1 fielmente de cuanto en vuestro favor he suplicado a mi Sr. Dn. Juan Manuel de Rosas. (&#8230;) Recibe uno y mil besos de vuestra afect\u00edsima y cari\u00f1osa amiga, Manuela Rosas y Ezcurra\u201d<\/p>\n<p>Cuando las carretas llegan a Santos Lugares, vecina a Buenos Aires, los dos enamorados van a dar a la c\u00e1rcel, calabozos separados, donde pasar\u00e1n las \u00faltimas 72 horas de sus vidas. Es detr\u00e1s de esas rejas donde nace otro enigma. Camila no se siente bien y es revisada por un m\u00e9dico: est\u00e1 embarazada. Al menos es lo que informa el comandante de la prisi\u00f3n, Antonino Reyes, en un mensaje y en unos documentos que hace llegar a Rosas. O el embarazo es real, o es una estrategia para evitar la muerte de Camila. No se puede fusilar a una embarazada.<\/p>\n<p>A Rosas todo le importa nada. Contesta que los dos condenados reciban el auxilio espiritual de un sacerdote y que sean fusilados el 18 de agosto a las diez de la ma\u00f1ana. Luego, algunas versiones de la historia dir\u00e1n que el embarazo de Camila era de ocho meses, pero no hay registros, ni relatos de testigos, ni de autoridades, ni guardias de la prisi\u00f3n, ni fuente hist\u00f3rica que hable de un embarazo tan avanzado. Los rosistas insisten en que todo es una gran mentira con la que intentan salvar a la condenada. Sin embargo, en sus memorias, Reyes dice que Camila admiti\u00f3 su embarazo y que, antes del pared\u00f3n, el sacerdote de la prisi\u00f3n de apellido Castellanos le dio a beber agua bendita para bautizar de alguna manera a la criatura que gestaba.<\/p>\n<p>Los fusilaron, tal como hab\u00eda ordenado Rosas, a las diez de la ma\u00f1ana del 18 de agosto de 1848. Primero a Ladislao, luego a Camila, los dos chicos enamorados. Sabedor de su muerte inminente, Ladislao le pregunt\u00f3 al comandante Reyes cu\u00e1l ser\u00eda la suerte de su mujer. Reyes le dijo que tambi\u00e9n ser\u00eda fusilada. Entonces, el sacerdote escribi\u00f3 unas l\u00edneas apresuradas que, tal vez, Camila llev\u00f3 consigo para enfrentar las balas del idiotismo, la barbarie y la desdicha: \u201cCamila m\u00eda: acabo de enterarme de que mueres conmigo. Ya que no hemos podido vivir en la tierra unidos, nos uniremos en el Cielo, ante Dios. Te perdona y te abraza, tu Guti\u00e9rrez\u201d. Si eso no es entereza, que baje Dios y lo vea.<\/p>\n<p>La muerte de los enamorados cay\u00f3 como agua helada en aquella ciudad bajo terror. Domingo Faustino Sarmiento, tenaz opositor de Rosas, cre\u00eda que esa sangre derramada en Santos Lugares hab\u00eda servido para disciplinar a las almas d\u00edscolas y escribi\u00f3: \u201cBuenos Aires tiene encallecido el coraz\u00f3n de experimentar horror. Y no es f\u00e1cil cosa conmoverlo con muertes, deg\u00fcellos, desapariciones de individuos. Todo es vulgar; pero aquel fusilamiento (&#8230;) era tan exquisitamente horrible, imprevisto, repentino y aterrante, que val\u00eda por una matanza por las calles llevando al mercado las cabezas. Si la ciudad entera hubiese recibido en un solo instante la noticia, se la habr\u00eda visto estremecer como si una cadena galv\u00e1nica hubiese comunicado a todos una descarga el\u00e9ctrica.\u201d<\/p>\n<p>Ya en su exilio brit\u00e1nico de Southampton, el 6 de marzo de 1870, veintid\u00f3s a\u00f1os despu\u00e9s de los fusilamientos, Rosas escribe una carta, qui\u00e9n sabe si valiente pero en todo caso sincera, a Federico Terrero: \u201cNinguna persona me aconsej\u00f3 la ejecuci\u00f3n del cura Guti\u00e9rrez y de Camila O\u2019Gorman, ni nadie me habl\u00f3 en su favor. Por el contrario, todas las personas del clero me hablaron o escribieron sobre su atrevido crimen y la urgente necesidad de un castigo ejemplar para prevenir otros esc\u00e1ndalos semejantes o parecidos. Yo cre\u00eda lo mismo, y, siendo m\u00eda la responsabilidad, orden\u00e9 la ejecuci\u00f3n. Mientras presid\u00ed el Gobierno de Buenos Aires y fui encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederaci\u00f3n Argentina, con la suma del Poder por la Ley, gobern\u00e9 seg\u00fan mi conciencia: soy, pues, el \u00fanico responsable de todos mis actos, de mis hechos buenos como de los malos, de mis errores y de mis aciertos\u201d<\/p>\n<p>Buena falta le hubiese hecho a Rosas esa serenidad para entender que el amor es lo que es y no un desaf\u00edo a las leyes, a las autoridades, a la moral, al pudor o a lo que fuere. Pero as\u00ed son los totalitarismos: no pueden renunciar a la violencia. Si lo hacen, mueren. Y siempre es bueno para el pr\u00edncipe que le teman. Rosas muri\u00f3 en 1877, quince d\u00edas antes de cumplir ochenta y cuatro a\u00f1os. En septiembre de 1989, bajo la presidencia de Carlos Menem, sus restos llegaron a la Argentina para que descansaran en el cementerio de la Recoleta. La tumba de Rosas no est\u00e1 demasiado alejada del sepulcro de Camila O\u2019Gorman.<\/p>\n<p>Los dos amantes de la pampa b\u00e1rbara y desdichada merec\u00edan, a modo de responso, que Shakespeare hubiera hecho caracolear el caballo del pr\u00edncipe de Verona ya no sobre la plaza donde Romeo mat\u00f3 a Teobaldo, sino sobre los cardos de Santos Lugares, para que exigiera, entre tanta violencia ciega y tanta tonter\u00eda expuesta, que el sol ocultara su luz, avergonzado por el duelo.<\/p>\n<p>Al igual que Romeo y Julieta, nunca ha habido historia m\u00e1s amarga que la de Camila y su Ladislao.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se enamoraron en la Buenos Aires de Juan Manuel de Rosas, escaparon juntos rumbo a Brasil y llegaron a abrir una escuela en Goya, pero fueron descubiertos y detenidos seis meses despu\u00e9s. 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