Adam Hathaway relató cómo vivió las semifinales del Mundial desde el centro de la capital argentina.
La noche del 15 de julio de 2026 quedará grabada en la memoria colectiva del deporte mundial: Argentina logró una victoria por 2-1 ante Inglaterra en las semifinales del Mundial de Fútbol tras una remontada agónica. La gesta se vivió con intensidad tanto en el campo de juego como en las calles de Buenos Aires, donde miles de aficionados celebraron el triunfo. Pero para un puñado de corresponsales británicos, la experiencia tuvo un matiz solitario y desafiante, marcado por la emoción y el contraste cultural. El periodista británico Adam Hathaway relató para The Independent su vivencia en la capital argentina, inmerso en un mar de euforia albiceleste. “¿Alguna vez te has sentido solo? Imagina a uno de los siete periodistas ingleses en un parque a las afueras de Buenos Aires cuando Argentina acaba de eliminar a tu equipo del Mundial”, comenzó.
Según describió en su crónica titulada “¿Crees que lo pasaste mal? Vi a Inglaterra perder contra Argentina en Buenos Aires“, Hathaway formó parte de un reducido grupo de siete periodistas ingleses que siguió el partido desde la plaza Seeber en el barrio de Palermo, rodeado por aproximadamente 150.000 hinchas locales. “Imagina a uno de los siete periodistas ingleses en un parque a las afueras de Buenos Aires cuando Argentina acaba de eliminar a tu equipo del Mundial”, compartió el cronista, evidenciando la dimensión emocional de la cobertura. El ambiente resultó abrumador para los visitantes británicos, quienes se convirtieron en “siete caras tristes en un mar de delirio azul y blanco con 150.000 lugareños enloquecidos mientras el hombre del micrófono lidera a las hordas en un cántico de ‘¡Messi, Messi!’”.
El partido ofreció emociones fuertes desde el comienzo. Según detalló, la primera observación que hizo fue durante los himnos: “Harry Kane y Jude Bellingham fueron los que recibieron los abucheos más fuertes, y cuando apareció el mismísimo Messi, se volvieron locos”. La tensión se hizo presente desde el silbato inicial y los primeros gritos se desataron “cuando Elliot Anderson, ‘El Maradona de Geordie’, recibió una tarjeta amarilla”, tras golpear a Lionel Messi a los 37 minutos.
La primera mitad concluyó sin goles y durante el segundo tiempo el ánimo de los argentinos se mantuvo igual hasta que Anthony Gordon abrió el marcador a los 55 minutos. “Cuando el balón entró en la portería en Atlanta, se podía oír el silencio en Sudamérica; incluso el puñado de aficionados ingleses que llevaban brazaletes de prensa contuvieron sus vítores”, relató Hathaway, subrayando el clima tenso que se apoderó de la multitud en la plaza, a unos 40 minutos a pie del centro porteño.
El remate de Enzo Fernández a los 85 minutos igualó el marcador y, en tiempo de descuento, Lautaro Martínez completó la remontada para sellar el pase a la final. La multitud “estalló en júbilo” tras el silbatazo final, según describió el periodista. “El hombre al micrófono bajó entonces el tono añadiendo ‘Por Messi, por Las Malvinas’, y todo había ido tan bien”, reseñó Hathaway, quien presenció cómo los cánticos y las referencias históricas se entrelazaron en la celebración.
La cobertura de The Independent puso en evidencia el contraste entre la desolación del pequeño grupo inglés y el fervor argentino. Al abandonar la escena, los periodistas británicos atravesaron el centro porteño mientras los locales celebraban y una motocicleta solitaria desplegaba una bandera de las Malvinas. “Los turistas intentaban desaparecer” ante el bullicio, añadió Hathaway en su relato.
El impacto social del partido se percibió desde las primeras horas del día. “Alrededor de las 7 de la mañana del miércoles, hora local, las calles de Buenos Aires estaban repletas de hombres, mujeres y niños vestidos con camisetas argentinas. Solo hay dos nombres que cualquier aficionado al fútbol que se precie en esta región luce en la espalda de su camiseta: Messi y Maradona”, puntualizó, mientras que se mostraba sorprendido por cómo la pasión del hincha argentino se percibía en cada rincón de la ciudad: “La mujer que regentaba la lavandería llevaba una camiseta de Maradona, la limpiadora del hotel una de Messi y el recepcionista también. Si crees que en Inglaterra nos apasiona el fútbol, deberías visitar este inmenso país”, reflexionó Hathaway.
El periodista también abordó la persistencia del recuerdo de las Malvinas, aunque aclaró que en sus tres visitas el conflicto rara vez emerge de manera hostil y que las bromas locales suelen girar en torno al fútbol. Incluso bromeó con un detalle que le llamó la atención durante la semana previa al partido, cuando le vendieron latas de cerveza con la imagen del gol de la “Mano de Dios” de Maradona, lo que, según Hathaway, representó “una forma de restregarme la victoria en la cara”.
El partido, que prometía una historia diferente para los ingleses, terminó sumándose a una larga lista de desilusiones deportivas. Hathaway rememoró episodios previos, desde el gol de la “Mano de Dios” en México 1986 hasta la redención de David Beckham en 2002, siempre marcados por la rivalidad contra Argentina. “Este partido prometía ser diferente. La experiencia de verlo con algunos compañeros en medio de un parque rodeados de hinchas rivales fue, sin duda, distinta, pero la decepción sigue siendo la misma. Nunca volveremos a tener la oportunidad de vivirlo”, sentenció el periodista británico.





